Putas y ciudadanas de segunda

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Tres chicas sostienen carteles reivindicativos durante la manifestación feminista de este jueves en Madrid en protesta por la sentencia a ‘La Manada’. / Getty Images

Tuve suerte. Hace seis años me libré de lo que podría haber sido una violación. No debía ocurrirme a mí o Dios esa noche estaba de servicio.

Era agosto y se celebraba la feria de mi localidad. Normalmente salíamos tres amigas, pero esa noche éramos solo dos, porque la tercera se había ido a la playa con su familia. Esa tercera amiga y yo regresábamos normalmente juntas a casa porque vivimos en el mismo barrio. Así que esa noche me tocaba volver sola. Y esa escoria lo sabía. Lo sabía porque nos vio esa noche en la pista de los coches de choque. Me vio solo junto a una de mis amigas, que vive justo en el lado opuesto del pueblo.

Esa escoria había ido al colegio y al instituto con nosotras. Lo conocíamos, como suele decirse, de toda la vida. Así que en la pista de los autos de choque, cuando íbamos a comprar las fichas, lo saludé con un escueto “¡Hola!” y una sonrisa. Al parecer a él le parecieron motivos suficientes como para esperarme en el coche, con las luces apagadas, en un punto de mi trayecto de vuelta a casa.

Me despedí de mi amiga y cada una cogió su camino. Cuando pasé por donde estaba aparcado no me di cuenta. La calle estaba llena de coches y, como dice el refrán, de noche todos los gatos son pardos. Así que no identifiqué su vehículo. Solo cuando iba unos metros más adelante escuché cómo arrancaba y cómo daba la vuelta en medio de la calle. En ese momento supe que alguien venía a por mí. Y en ese momento también se activaron mis instintos más primitivos y animales: los de supervivencia.

Intentando mantener la cabeza fría, pese a que me temblaban las piernas y el corazón me iba a mil por hora, me metí en una calle en la que sabía que él no podría entrar desde donde venía porque era dirección prohibida (bendito código de circulación). Me escondí tras la jamba de la puerta de la primera casa de la calle, intentando que, al pasar con su coche por la intersección, no me viera.

Concentración feminista EFE

Manifestación en Oviedo este jueves en protesta por la sentencia de La Manada al grito de “Yo sí te creo” o “Todos somos la víctima”. / EFE

Pasó y salí corriendo calle abajo. El será escoria, pero no es tonto. Y dio la vuelta por la calle de atrás. Otra vez pasó y empleé la misma técnica. Resguardarme en una jamba de espaldas al sentido en el que venía con el coche. De nuevo salí corriendo y me fui para la calle de atrás, donde vive un amigo de mi padre, por si le tenía que pedir auxilio. En ese momento llamé por teléfono a mi casa, porque estaba ya relativamente cerca, para que mi padre saliera a por mí. Casi sin aliento intenté explicarle a mi madre lo que pasaba lo más rápido posible. No había tiempo que perder.

Esa escoria me alcanzó justo cuando iba por la casa del amigo de mi padre. Estaba a unos 300 metros de mi casa. Y a todo esto, mi padre no venía.  Tenía por entonces 63 años, había tardado en despertar, seguía somnoliento y estaba durmiendo totalmente desnudo. Vamos, que no podía esperar que viniese corriendo.

Mi madre seguía al teléfono, así que puse el manos libres y ella empezó a gritarle. Esa escoria, que se había bajado del coche, me agarró por una muñeca intentando llevarme hacia su automóvil. Probablemente estaba borracho. Así que aproveché que él estaba en el bordillo del acerado para empujarlo. Al tambalearse me soltó y yo salí corriendo hacia mi casa, a la que llegué sin aliento. En cuanto entré por las puertas me tiré llorando a los brazos de mi madre.

Jamás en toda mi vida había corrido de esa manera. En condiciones normales apenas tengo resistencia y esa noche, o eso se me hizo a mí, habría ganado un oro olímpico. Fue entonces cuando comprendí que el ser humano, cuando ve peligrar su integridad física, saca sus instintos naturales. Como una gacela en la sabana para evitar ser devorada por leones.

Una vez pasado el susto -me tuve que tomar un tranquilizante- quise ir directa al cuartel. Quería denunciar a esa escoria. Si no lo metían en el calabozo al menos que la Guardia Civil lo vigilara. Mi padre me dijo que no lo hiciera y se fue a esperarlo a la puerta de su casa para recriminarle su conducta. Estuvo allí dos horas, pero esa escoria no acudió. Mi padre no quiso acompañarme al cuartel, ni quiso que fuera al día siguiente con mi amiga, porque al final la que iba a salir mal parada, decía, era yo: “No te ha hecho nada. Es su palabra contra la tuya. Puede decir que lo provocaste y a saber lo que dirían de ti en el pueblo”.

Al final no denuncié. Y esa escoria siguió actuando. Engañó a una menor para meterla en su coche e intentó llevársela al campo. Suerte que no tenía activado el cierre de seguridad del coche y en un stop la niña abrió la puerta y se lanzó a la calle. Sí, era una niña. Por aquel entonces tenía 12-13 años. Fue condenado por ello, pero a menos de dos años y a una indemnización irrisoria. Si le hubiera hecho algo me habría culpado a mí misma toda la vida por no haber avisado de lo mierda que es.

Al final acabó en la cárcel. Porque lo volvió a intentar. Esta vez en otra localidad. Siguió a la chica y, cuando ésta entró en su bloque de pisos, se metió en el portal. Allí intentó violarla, pero la chica gritó y consiguió que un vecino del primer piso bajara. Teniendo antecedentes, en esta ocasión sí entró en prisión. Pero creo que no llegó a estar tres años.

Ahora, con la sentencia del Caso La Manada, creo que se pueden imaginar qué se me pasa por la cabeza. Me siento cobarde por no haber denunciado a ese cabrón -sí, cabrón-. Pero también me siento aliviada porque de haberlo hecho se habrían reído de mí, me habrían vapuleado y encima lo tendría que haber seguido viendo como si tal cosa, expuesta a que tomara represalias. ¿Es eso lo que nos espera? ¿Seguir calladas porque para parte de la sociedad y para el sistema somos unas putas y ciudadanas de segunda?

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Crisis griega: Alemania y la táctica de ruptura masculina

No soy experta en economía, pero a nadie se le escapa que tanta austeridad no conlleva crecimiento económico. Al contrario, trae consigo un mayor y progresivo empobrecimiento. No solamente del país que aplica estas políticas, sino de sus ciudadanos, que es algo todavía peor. Porque son las personas las que con su consumo reactivan la economía. Si tienen menos poder adquisitivo y tienen que pagar más impuestos dejarán de consumir aquello que no es de extrema necesidad. Es decir, aguantarán con el mismo coche, no irán al cine, no saldrán a comer fuera, se bastarán con la ropa que ya tienen, etc. Y todo esto conlleva la falta de contrataciones o, lo que es peor, más despidos, elevando así la tasa de desempleo. Es un círculo vicioso del que no se sale con políticas de austeridad, que no hacen otra cosa que mantener esa pescadilla que se muerde la cola.

Los líderes europeos no es que no se hayan dado cuenta de los nefastos resultados de sus políticas de austeridad, claro que se han dado cuenta, pero hacen como si no lo hubieran hecho. ¿En qué posición los dejaría admitir que se equivocaron? Prefieren humillar y hundir a un país entero antes que dar su brazo a torcer y renunciar a sus políticas de recortes neoliberales.

Ahora, tras el plan de ajuste presentado por Grecia en Bruselas para conseguir un tercer rescate, Merkel y otros líderes europeos quieren más. Las exigencias del Eurogrupo van más allá de recortes y ajustes, pues le piden al Gobierno griego que realice a las instituciones europeas una consulta previa antes de aprobar cualquier Ley referente a “cuestiones relevantes” en el Parlamento heleno. ¿Dónde queda la soberanía nacional? Por fin se quitaron la máscara. La soberanía nacional ya no existe, son los mercados los que gobiernan la vida de la gente.

parlamento griego 1

Llegados a este punto, yo me pregunto que quizá lo que quieren realmente es la salida de los griegos de la Eurozona y han estado representando un papel de cara al resto de socios europeos y los medios de comunicación. Me recuerda mucho esta situación a cuando en una relación, no consolidada, el chico deja de llamar a la chica, deja de escribirle por Whatsapp o le escribe cosas poco relevantes y contesta con monosílabos. ¿Qué persigue con este fin? Que sea la chica la que se acabe cansando y sea ella la que finalice la relación. Pues ese, en mi opinión, es el plan de Alemania; tensar tanto la cuerda para sea el propio Gobierno griego el que termine rompiendo propiciando el Grexit. Esta es una postura defendida también por el ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, quien ha publicado en su blog una entrada en la que apunta a esta teoría.

En la misma línea se ha manifestado el Premio Nobel de Economía de 2008 Paul Krugman, quien también ve las exigencias impuestas por Europa como un plan excesivamente duro para los griegos y por el que deberíamos replantearnos la salida de Grecia de la Eurozona como un hecho probable y en este sentido se pregunta si el país heleno puede lograr una salida exitosa. “Probablemente pretende ser una oferta que Grecia no pueda aceptar”, ha señalado.

La traición de algunos países de la Unión, entre ellos Alemania, es clara y evidente. Traición no a Tsipras o a Grecia, sino a los valores del europeísmo, al proyecto europeo, que se va a ver muy perjudicado, y puede que herido de muerte, por esta jugada auspiciada por Angela Merkel.

Réquiem por el periodismo

El periodismo se está muriendo. Es una muerte lenta y dolorosa. Y, mientras avanza hacia su aciago destino final, va dejando tras de sí el cadáver profesional de centenares de periodistas, algunos de los cuales no han gozado siquiera de tiempo para desarrollar esta profesión, la que un día, llenos de sueños, eligieron vocacionalmente.

     De aquello que un día el periodismo fue ya no queda ni la sombra. Los Gobiernos, los mercados, los lobbies… se han encargado de destruirlo. A ello ha contribuido también más de un periodista. Buitres carroñeros, caníbales, que en su afán de congraciarse con el poder no solamente se han entregado ellos mismos, sino que han vendido a su profesión y al resto de sus compañeros.

     Llegados a este punto, yo me pregunto en qué momento el periodismo se puso en manos del poder, cuál fue el punto de inflexión. Cuándo dejó de ser el Cuarto Poder para convertirse en el trapo zarrapastroso que pisotean cada día las instituciones y grandes empresas.

     Esta situación es especialmente flagrante en el caso de los medios de comunicación públicos, esos que pagan todos los españoles. Esos en los que cada vez es más evidente la manipulación informativa del Gobierno de turno. Un ejemplo de ello es la situación que atraviesa Canal Extremadura, al que quizá deberíamos llamar Canal Monago.

     La manipulación informativa de Canal Extremadura es más que evidente y ya insostenible. Por ello, sus trabajadores hicieron una huelga de dos horas el pasado viernes doce de diciembre y tienen convocada, esta ya de veinticuatro horas, otra para el jueves día dieciocho.

     Pero la manipulación de la información no es el único motivo de protesta. Lo es también la progresiva privatización del ente, especialmente de los servicios informativos. En este sentido, llama poderosamente la atención que los informativos televisivos sean los que cuentan con más trabajadores de productoras externas.

     La totalidad de los trabajadores de los servicios informativos, que tendrían que ser lo más público de lo público, deberían haber alcanzado su puesto de trabajo por oposición, como consta que sí hicieron algunos de ellos. Un sistema de selección por mérito propio y no por buenas relaciones, de manera que todos los periodistas de la región estuvieran en igualdad de condiciones a la hora de acceder a un puesto de trabajo que, insisto, habría de ser público.

censurado

     Respecto a la manipulación informativa, es de sobra conocido que desde el poder se ha intentado siempre, históricamente, controlar la información. Napoleón Bonaparte lo hizo subvencionando Le Moniteur Universel, controlando así lo que publicaba. Al mismo tiempo eliminó otras cabeceras y obligó a las que quedaron a divulgar las informaciones publicadas por Le Moniteur. Otros, como el cardenal Richelieu optaron por la creación de un medio de comunicación (en su caso un periódico, La Gazette) que se encargara de hacer la propaganda. Pero las medidas que siempre se llevaron más a cabo fueron la censura previa, las prohibiciones o la obligatoriedad de licencias, entre otros métodos.

     En España no nos libramos de eso,  y no solamente durante el franquismo, una época funesta en la que el Estado controlaba todos los medios de comunicación, gracias a la censura y a la política de incautaciones aplicada durante la Guerra Civil. Entre otros casos, nuestro país también sufrió la manipulación informativa a través de la Gaceta de Madrid, aparecida en 1661 al amparo de Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV, quien utilizó la publicación como canal propagandístico, destinado a satisfacer sus ambiciones y ansias de poder (llevó a cabo más de una conspiración para alcanzar la Corona).

     Las diferencias estriban, si se fijan bien, en que la mayoría no eran medios de comunicación públicos, al uso de como hoy los conocemos. Pero, sobre todo, se trataba de gobiernos absolutistas o totalitarios y no gobiernos democráticos del siglo XXI. Precisamente, al tratarse de gobiernos democráticos, deberían ser los primeros que velasen por los medios de comunicación públicos, en aras de la pluralidad necesaria para la formación de una opinión pública libre.

     Por tanto, aquel gobierno que desee un órgano oficial de propaganda debería crearlo y pagarlo con los fondos de su partido y no utilizar los medios de comunicación públicos, los cuales deberían servir de referente periodístico, siendo ejemplos de pluralidad y objetividad para el resto de medios.

     Las instituciones, además, deberían tener claro que no subvencionan medios de comunicación,  o se publicitan en ellos, a cambio de inmunidad informativa, sino para garantizar la pluralidad, asegurando a los ciudadanos uno de sus derechos fundamentales, el derecho a recibir información veraz.

     Solamente cuando los gobiernos e instituciones tengan claro cuál es su labor con respecto a los medios de comunicación públicos, el periodismo podrá vislumbrar una salida de la situación límite en la que está inmerso, un coma en el que cada día que pasa sus constantes vitales van disminuyendo. Y si todo sigue así llegará un día en que ya no haya signos de vida. Aunque quizá sea necesario morir y resucitar para volver a ser fuerte.

Sin becas no hay paraíso

Mis tetas son naturales, Dios me las dio así Sra. Cervilla. Lo que no me dio fue la solvencia económica necesaria para estudiar por mis propios medios, así que el dinero que el Estado me ha dado para estudiar mi carrera universitaria lo he empleado en ello, en pagar mis estudios, no en ponerme implantes. Tampoco lo he gastado en un viaje, ni en un coche, ni en ropa o bolsos caros.

El problema de que haya gente que emplea el dinero de la beca para tales menesteres no es un problema de nota académica, sino un problema fiscal. Padres que camuflan propiedades y cuentas, por lo que superan el baremo económico para que sus hijos tengan acceso a una beca estatal.

Becas para ponerse tetas

Captura de pantalla de la polémica entrada de Paloma Cervilla en su blog de ABC.es antes de ser retirada por la veterana cabecera.

Aprieten las clavijas a los evasores fiscales, no a los estudiantes de familia humilde y trabajadora. ¡Ah no! Que es que los evasores fiscales son sus amiguitos. Y claro, si se quedan sin beca siempre pueden tirar de sus “ahorrillos” en las Islas Caimán para pagar los estudios de sus hijos, aunque lleguen con trabajo al cinco raspado.

Usted no sabe lo que cuesta llegar a un 6,5 de media, sobre todo en la carrera. Los estudiantes nos encontramos con asignaturas complicadas, que poco o nada tienen que ver específicamente con nuestros estudios, profesores que en vez de enseñar y aumentar el conocimiento de sus alumnos van a suspender a todos los que puedan, sin luego dar explicación convincente del porqué, porque gozan, tienen un orgasmo con ello.

No sabe las horas de encierro en nuestro cuarto estudiando, sin salir ni diez minutos a la calle, a veces para sacar un mísero cinco. No sabe el estrés, la tensión que sufrimos (padezco una tendinitis crónica en el hombro), los nervios, la ansiedad… Y la rabia que da todo este esfuerzo para luego no tener la recompensa merecida.

Así que permítame decirle, como casi licenciada en Periodismo que soy y como estudiante en general, que antes de generalizar contraste la información y los datos, porque el testimonio de su amiguita de peluquería es una fuente de dudosa veracidad. Hay que tener, como mínimo, tres fuentes diferentes querida, fuentes enfrentadas además, no sólo las que le vengan bien a la idea central del artículo/noticia/reportaje. Creo que eso es algo fundamental que se aprende en la carrera. Aunque bueno, quizás usted se licenció con una media inferior al 6,5 porque su papi pudo pagarle matrícula tras matrícula y eso no llegó a quedarle claro.